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¿Qué es la permacultura?

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Permacultura, éticas y principios para la transición.

En el mundo de lo desechable, la obsolescencia programada y el desperdicio al por mayor de recursos, la visión de permanencia y resiliencia de la Permacultura es revolución. Nacida en los años 60, desarrollada por Bill Mollison y David Holmgren, la Permacultura se gesta en Australia pensando en una agricultura permamente que imite y estudie el funcionamiento de los ecosistemas naturales. Inspirados en la naturaleza y en su trabajo como investigadores y guardias forestales, Mollison y Holmgren idearon un sistema de producción de alimentos que no solo soporta el paso de los años sin disminuir su riqueza, si no que crece y se mantiene sano sin requerir idealmente la ayuda del ser humano o insumos ajenos al ecosistema. Sin duda, una visión aparentemente utópica, que ya es realidad en cada vez más rincones del mundo a través de este interesantísimo sistema de diseño basado en el pensamiento sistémico.

Si bien la permacultura comenzó como un sistema de producción de alimentos, que hoy en día se utiliza para el diseño desde huertos urbanos hasta bosques comestibles, su evolución pronto dio paso a un sistema de diseño holístico. Una sociedad que idealmente busca la permanencia, o por lo menos no autodestruirse, requiere de un pensamiento mucho más amplio, que tome en cuenta la interdependencia de todos campos del desarrollo humano. Poco tiempo después de su concepción, la permacultura pasó de buscar una agricultura permanente a buscar la solución para culturas y asentamientos humanos que resistan el paso del tiempo sin exterminar sus recursos, es decir, una cultura permanente. Por eso hoy en día, además de la agricultura, la Permacultura busca la permanencia como fin en los sistemas de construcción, de salud, la permanencia en los métodos de intercambio de bienes y servicios, de educación, cultura y demás campos que influyen en la vida diaria de todos. Así, la permacultura se establece a finales de la década de los 60 como un sistema de diseño para la construcción de medioambientes humanos sostenibles.

Hablar de permanencia se refiere más a la visión de su propósito que a la permanencia material del resultado de sus técnicas. Es más una forma de pensar en las infinitas interrelaciones de la vida que un manual de pasos detallados para crear culturas sostenibles. Se ocupa de moderar la energía contenida en todo lo que hacemos y diseñar para tener el mínimo gasto por el máximo beneficio a través del tiempo. Describe en su marco más amplio las éticas detrás del desarrollo sustentable de la cultura y en sus enseñanzas más puntuales las técnicas para aplicarlo a cada situación específica. Está inspirada en las enseñanzas de culturas ancestrales que han florecido y soportado el paso del tiempo, así como en las tecnologías, la ciencia y formas de organización social y trabajo más modernas. Abarca una increíble variedad de técnicas inspiradas en la relación del ser humano con la naturaleza y está abierta a la utilización de cualquier tecnología que tenga como fin la creación de comunidades resilientes, que aumenten su valor, riqueza y diversidad con el paso del tiempo.

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La flor de la Permacultura nos muestra el amplio manejo de la información en este sistema de diseño

Si bien sus orígenes y la mayoría de los cursos y talleres sobre el tema se enfocan en el cultivo sostenible imitando la biodiversidad de la naturaleza, la flor de la permacultura nos recuerda que no puede haber culturas permanentes si no desarrollamos a la par y con una misma visión los diferentes campos del conocimiento humano. Por eso hoy, los proyectos de permacultura mejor logrados, combinan la biodiversidad natural con la biodiversidad de personas, técnicas y conocimientos, además utilizan la interacción entre las construcciones físicas, mentales y sociales para crear un modelo holístico, como un todo, de desarrollo.

La permacultura tiene como eje central tres éticas que deben estar presentes en cualquier proyecto del tipo que sea. El cuidado del planeta, el cuidado de la gente y una repartición justa de los excedentes son el punto de partida para la resolución de cualquier problema de diseño. No importa si se tienen 500 hectáreas de producción sustentable de alimentos en bosques comestibles, si se sobre explota al trabajador o no hay repartición justa no puede llamarse Permacultura. Así, las éticas dictaminan el rumbo de todo proyecto, surgiendo a veces como la base de su planeación y a veces como resultado de la aplicación del vasto conocimiento que encierra este revolucionario pensamiento.

Además de la flor de la permacultura, que nos muestra el amplio espectro para tener en cuenta en cualquier diseño y las tres éticas que guían o nacen de todo proyecto, la permacultura propone doce principios básicos para interactuar con nuestro entorno natural y comunitario. Estos principios son universales y nos ayudan a mantener el camino cuando parecemos perdidos, a repensar nuestra manera de incidir en nuestro entorno y sobretodo nos recuerdan que otra manera de pensar y vivir es posible.

1.-Observar e interactuar: La naturaleza es nuestro mejor maestro y observando su comportamiento, incluso en los ecosistemas agotados, podemos aprender un sin fin de lecciones aplicables a cualquier campo. Contrastando, por ejemplo, los ecosistemas saludables con los cultivos industriales, la diferencia en cuanto salud y diversidad es obvia hasta para el observador más inexperto. Esta observación no se reduce al campo visual si no que debe ser realizada con todos los sentidos, ya que por ejemplo, en el campo de agricultura, el sabor la textura y olor son igualmente importantes.

La interacción por su parte, nace de la necesidad de la experiencia directa con el sistema para la adquisición de conocimiento y obtención de retroalimentación. Cualquier cambio intencionado y aprendizaje, debe estar basado en la previa observación y luego analizado a través del tiempo. Al contrario de la ciencia que reduce todo a su mínima expresión para estudiarlo y sacar conclusiones, la permacultura analiza los resultados en las interacciones del sistema completo. Lo que sucede en un lugar, en un tipo de tierra o en una comunidad, puede no poder ser replicado en otra, por lo que todo debe ser comprobado de primera mano, primero observando y luego interactuando de acuerdo a la información que obtengamos. La continua aplicación de este proceso crea el conocimiento probado para ampliar nuestro campo de acción, reproduciendo las interacciones exitosas para tener el máximo efecto con el mínimo gasto energético.

2.-Capturar y almacenar energía: Cuando entendemos que la vida en sí y todas las interacciones posibles de un sistema presuponen un intercambio energético, podemos empezar a ver el mundo con nuevos ojos. El petróleo por ejemplo, no es más que energía solar almacenada en el subsuelo a través de la interacción entre la materia orgánica y fuerzas naturales como la gravedad durante varios cientos de miles de años. Esta interacción entre energías sucede en cualquier espacio con resultados siempre variables, las más obvias siendo el efecto que tienen el agua, el viento, el fuego y la tierra en todo sistema natural.

La permacultura, en su estado de diseño, se ocupa de estudiar la cantidad, calidad y comportamiento de estas energías. En su aplicación, se ocupa de regularlas y almacenarlas para obtener el máximo beneficio con el mínimo gasto energético. Un claro ejemplo es el diseño hidrológico en línea clave o con zanjas a nivel, que sirve para almacenar y utilizar la energía del agua, siendo la primicia de estas técnicas que el agua debe recorrer el máximo camino posible, en el mayor tiempo, interactuando con el máximo de elementos, antes de abandonar el sistema. El balance de la energía contenida en los elementos es el ideal en cualquier proyecto, pensando en que cualquier exceso o falta de estas puede desestabilizar el funcionamiento del mismo.

3.-Obtener un beneficio: De nada sirve la observación y la interacción para capturar y almacenar energía si al final del día no se obtiene un beneficio que pueda ser aprovechado y compartido. Por eso, debemos diseñar siempre para cumplir nuestras necesidades más básicas apuntando a obtener un beneficio cada vez mayor regulando el gasto energético. Es imposible trabajar con el estómago vacío, pero una vez lleno debemos procurar que quien nos ayuda y rodea compartan la satisfacción del fruto de nuestro trabajo. Además, no obtener ningún beneficio de nuestra energía es síntoma de que algo no funciona correctamente en el sistema. Entre los beneficios es importante diseñar para aquellos que nos servirán a corto plazo, a mediano y a largo alcance y no encerrarnos en que estos deban de ser necesariamente un beneficio económico. Recordemos que al final del día y aunque sea difícil de medir, lo más importante es la energía gastada comparada con la producida, repartida y almacenada.

4.- Aplicar la autorregulación y aceptar retroalimentación: La hipótesis de Gaia de James Lovelock, sostiene que la tierra es un sistema que se autorregula para estimular la evolución de sus elementos y la vida. Esta autorregulación, comprobada en el planeta y carente en muchos gobiernos y sociedades modernas, esta poniendo a prueba nuestra supervivencia dentro del sistema. Basta mirar el desperdicio de papel en las oficinas, los basureros con comida en perfecto estado en los supermercados, el índice de obesidad en varios países desarrollados o ver una foto de Dubai para saber que urgen medidas para controlarla. Por eso en la permacultura, preguntarnos cuánto es suficiente en cada paso del diseño nos ayuda a tener un mejor control sobre el sistema. Plantar demasiado, trabajar más de lo necesario, tener más espacio del requerido y todo lo contrario pueden crear desbalances que inevitablemente aparecerán por medio de la retroalimentación que genera cada uno de los procesos. Ignorar los resultados de lo que hacemos puede ponernos rápidamente en el camino hacia el fracaso, por eso estar al pendiente a cada paso de nuestras necesidades y la energía requerida para satisfacerlas es esencial si queremos que el resultado, o en este caso la retroalimentación de lo que hacemos, sea positiva.

5.-Usar y valorar los servicios y recursos renovables: La tecnología, la mano de obra barata y el acceso en forma de petróleo a una aparente reserva infinita de energía, han inculcado en el ser humano una cultura de lo desechable. Todo producto tiene fecha de caducidad programada y la costumbre de la reparación y reutilización de las cosas apenas vuelve a asomarse en el panorama. Durante décadas hemos consumido como si hubiera recursos para siempre y hasta hace poco nos alarma su inminente agotamiento. Por eso, es de vital importancia reconsiderar y propagar la costumbre del reuso de los desechos de las sociedades contemporáneas y revalorar la importancia de los recursos renovables, no como una moda ecológica, si no como un principio de diseño en todo los ámbitos de la sociedad. Afortunadamente, poco a poco vemos salir más prototipos de herramientas pensadas en durar mucho más tiempo, en ser fáciles de reparar y escalar y en estar fabricadas con procesos y materiales idealmente ecológicos. Lamentablemente todo esto se hace aún bajo el paradigma capitalista de crear el máximo beneficio económico y no energético, como lo plantea la permacultura. Por eso es importante recalcar que más que un sistema de diseño agroecológico, la permacultura es una nueva manera de ver nuestra estrecha relación con el planeta y todo lo que en él habita y se relaciona.

6.-No producir residuos: El paradigma económico y mental de nuestra época se ha empeñado en crear necesidades donde no las había, esto a su vez, ha desatado una plaga de desechos y residuos que en muy poco tiempo han puesto la autorregulación del planeta al límite de sus capacidades. Se nos ha hecho creer que el acceso fácil y barato a los producto industrializados es en beneficio de todos cuando lo único que ha propiciado esta mentalidad son productos de dudosa calidad, con un increíble contenido energético en su proceso de producción y que terminan olvidados en basureros generando contimanicaicón por miles de años. Al contrario de la gran mayoría de inventos humanos, en la naturaleza todo lo que alguna vez estuvo vivo puede reintegrarse rápidamente al sistema. Un claro ejemplo nos lo proporcionan las lombrices, que convierten nuestros residuos orgánicos en composta, que a su vez nutre a las bacterias del suelo, que nutren a nuestras plantas, que nos nutren a nosotros y cuyos residuos se reciclan por medio de este sistema. Por eso ser conscientes de nuestros hábitos de consumo para eliminar lo innecesario, reutilizar la mayor cantidad de residuos posibles y apoyar a aquellos que propicien con sus acciones o productos este modelo, es elemental para el diseño de culturas permanentes.

7.-Diseñar desde los patrones a los detalles: Los patrones están grabados tanto en la naturaleza como en el comportamiento humano desde tiempos inmemorables. Las estaciones, los ciclos lunares, pasando por el desarrollo de los bosques y selvas hasta la historia de países y sociedades completas son regidas por la repetición en evolución de lo mismo. Comprender estos patrones, tanto a la hora de cultivar como a la hora de organizarnos en grupo, pasando por todas la interrelaciones de la flor de la permacultura, es esencial para el diseño de culturas sostenibles. A partir de estos patrones, que no son más que la visión general de cierto elemento en un lugar específico y su comportamiento a través del tiempo, podemos pasar a diseñar los detalles. Por ejemplo, antes de crear un huerto urbano, entender los patrones en las estaciones, cuánto llueve, cuándo llueve, mes más caliente, mes más frío, movimiento solar, ciclos lunares y demás información cíclica nos será relevante para escoger, en el detalle, las plantas, tiempos de siembra y cosecha y el lugar donde estarán. Es importante entender que los patrones cambian y evolucionan dentro de ciertos parámetros pero siempre existirán en todos los ámbitos pues están en el código de la creación.

8.-Integrar, más que segregar: La competencia como máxima de la evolución, es más un pretexto para continuar con el paradigma socioeconómico actual que una realidad científica. Lynn Margulis, en su estudio de la endosimbiosis comprueba que la cooperación entre los elementos de un sistema también lo fortalecen. Dentro de la permacultura y el pensamiento sistémico, esta noción colaborativa se utiliza para crear sistemas más robustos y eficientes. Por ejemplo, un monocultivo nunca tendrá la salud, resiliencia y adaptabilidad que ofrece la biodiversidad de la naturaleza. En un monocultivo de maíz, las plagas, inundaciones y otras eventualidades suelen destruir plantaciones completas; mientras que en un bosque comestible difícilmente se pierde todo por igual y ciertas situaciones que para algunas plantas son desastrosas para otras pueden resultar beneficiosas. Esta mentalidad va más allá de la naturaleza e incluye también la tecnología y el componente social y humano. Integrando y combinando elementos que cumplan diversas funciones y soportando cada función importante con muchos elementos aseguramos la permanencia de cualquier sistema.

9.-Usar soluciones lentas y sencillas: Los combustibles fósiles encierran en su composición una gran cantidad de energía que el ser humano ha sabido aprovechar para acelerar los procesos de producción, y a su vez, han desarrollado a tal punto varios de estos procesos que años de estudio y especialización son necesarios para siquiera entenderlos. Este incremento desproporcionado en velocidad y complejidad, además de requerir necesariamente dichos combustibles, alejan a la gente de los sistemas de producción, dejan las ganancias en manos de unos pocos y crean una necesidad inmediata por todo bien y servicio. Así se esclavizan nuestros deseos y necesidades, pues sólo las empresas especializadas están en la posición para satisfacerlos dejándonos atados de manos para valernos por nosotros mismos.

En comparación, las soluciones lentas y sencillas están al alcance de todos, mantienen un balance energético en el sistema y nos liberan de la dependencia de los combustibles fósiles y la especialización de las empresas. La misma naturaleza trabaja de esta manera y su estudio y comprensión requiere que seamos capaces de frenar nuestro frenético ritmo de vida. Vive sencillamente para que otros puedan sencillamente vivir.

10.-Usar y valorar la diversidad: La diversidad es una de las características de la naturaleza que más estabilidad le proporciona a cualquier sistema. Los policultivos, la diversidad de herramientas, técnicas, ecotecnologías, pensamientos y personas aplicadas a cualquier diseño le otorgan la resiliencia, adaptabilidad y permanencia que se busca en el desarrollo sustentable. Esta diversidad no debe estar conformada solo por variedad, si no por elementos que se soporten y apoyen unos a otros y cuyas funciones estén fundadas en la observación, planeación y el diseño. De nada sirve hacer un policultivo cuyos elementos no tengan interacciones benéficas entre unos y otros, por lo que todas las asociaciones entre elementos deben estar justificadas dentro del sistema. En la milpa por ejemplo, el maíz cumple la función de soporte del frijol, este a su vez tiene una función de fijador de nitrógeno en el suelo, mientras que la calabaza funciona como un acolchado que impide la evaporación y disminuye el crecimiento de plantas que puedan competir por el mismo espacio.

11.-Usar los bordes y valorar lo marginal: En todos los sistemas naturales los bordes guardan la mayor biodiversidad por metro cuadrado, por lo que en un diseño, mientras más bordes entre diferentes elementos podamos crear más rico y abundante será el sistema. Las chinampas de México, el sistema de cultivo más eficiente del mundo, es un excelente ejemplo de la relación que guardan los bordes con la riqueza de un ecosistema. En ellas, encontramos la unión entre bordes de tierra, agua, fuego y aire, haciéndolas sistemas de increíble abundancia tanto en producción de hortalizas como de proteína animal, biodiversidad y nutrientes. No por nada han soportado el paso de tiempo y son ejemplo vivo de la permanencia que encierra este principio.

Valorar lo marginal se refiera a su vez a buscar el valor de lo poco común en todos los elementos de un sistema, sean plantas, animales o valores sociales. Ignoradas por la industria alimentaria, un claro ejemplo se da en la utilización de plantas poco conocidas por su valor comercial pero ricas en nutrientes y otras propiedades que surgen naturalmente en cualquier clima. El diente de león, por ejemplo, abunda en diferentes partes del mundo donde es considerada una mala hierba mientras que guarda una increíble lista de propiedades medicinales y nutrimentales que envidiarían muchas hortalizas más conocidas como la espinaca.

12.-Usar y responder creativamente al cambio: El cambio es una constante de la vida que sale completamente de nuestro control. Desde los sistemas naturales hasta los creados por seres humanos están a la merced de las fuerzas creadoras del universo y cualquier intento por oponerse al flujo natural de las cosas termina inevitablemente por desbalancear hasta el sistema más robusto. Uno de los ejemplos más claros está en nuestra obsesión por cultivar y plantar para el clima que queremos y no para el clima que tenemos y tendremos. Muchas reforestaciones y emprendimientos agrícolas fracasan precisamente porque no han tomado el cambio ecosistémico de las últimas décadas y no han sabido acoplarse a las nuevas demandas de los sistemas naturales. El cambio y las crisis además traen siempre consigo un abanico de oportunidades a la mano de los que mejor saben adaptarse. Pero no solo se trata de adaptarse si no de responder creativamente, lo que significa innovar inspirados en las nuevas condiciones y así acelerar la adaptación de los sistemas naturales y sociales.

En conclusión, bajo los 12 principios, aunados a las 3 éticas y la flor de la permacultura, un nuevo panorama para la regeneración natural y social se abre en el mundo. El diseño del presente y futuro de las ciudades y el campo se llena de optimismo, abundancia y la promesa de un mejor futuro para todos. No importa si se adopta con el nombre de permacultura, movimiento de transición o cualquier otro, la visión que encierra en general el diseño de sociedades para un futuro sostenible es una de nuestras mejores opciones.

Imagen por Claire Gregory (Trabajo propio) [CC BY-SA 3.0

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