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Huertos Urbanos: importancia, consejos y cuidados.

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Imagen por Conservation Design Forum (Trabajo propio) [CC BY-SA 4.0

Los huertos urbanos, más que una moda.

El cultivo sustentable en huertos urbanos es un acto, algunos dirían revolucionario, que arranca muchos males de raíz e irremediablemente termina por transformar las ciudades, a la persona y su entorno. Pero más allá del cultivo, la producción de alimentos, su transporte, distribución y venta, son temas de vital importancia para el presente y futuro sostenible de las grandes urbes y la estabilidad social. No por nada en varias ciudades del mundo se está impulsando el cultivo urbano, creando también fuentes de empleo cercanas a los centros de distribución y grandes mercados. Además, si se combinan con sistemas de diseño holísticos o integrales como la permacultura, los huertos urbanos pueden trascender el ámbito alimenticio e influir de manera importante en el futuro desarrollo de nuestras ciudades y sus habitantes. Por eso, más que una moda, la cultura de producción de alimentos en regiones urbanas es una necesidad, que más temprano que tarde, invadirá el planeta entero.

La ciudad de México es una de las capitales del mundo que parece haber demostrado especial interés por la agricultura urbana. Herederos de una larga tradición, latente pero en peligro en las chinampas de Xochimilco, la ciudad poco a poco redescubre y aprende cómo sembrar en cualquier espacio. En forma de huertos medicinales, macetas de llantas, botellas, contenedores, huertos modulares, camas de cultivo en camellones, huertos escolares, o como jardines verticales y azoteas verdes en comercios y oficinas, la naturación de las ciudades, tiene una larga lista de beneficios que impactan a la sociedad de tantas y tan importantes formas que no podemos seguir ignorando.

La agricultura natural urbana nos pone en contacto con nuestros alimentos de manera directa y nos acerca a nuestras raíces culturales, abriéndonos un abanico de alimentos deliciosos y saludables que nos proporcionan los minerales que el cuerpo necesita y que muchas veces la agricultura industrial no contiene. Con acciones como huertos comunitarios, medicinales y escolares, se ayuda a combatir los problemas de salud, obesidad y desnutrición, que tanto cuestan a las instituciones y familias. Ayudan además, a reformar los lazos sociales perdidos en el estresante y aislado estilo de vida típico de las ciudades modernas. Todo esto, mientras repercute positivamente en la estética de la ciudad, los microclimas de las calles y viviendas, la salud y estado de ánimo de los ciudadanos, reduciendo el desperdicio energético y ayudando a reducir los contaminantes en el aire.

En esta sociedad moderna y globalizada, en la que en un solo plato encontramos comida que viene de todas partes del mundo, los cultivos urbanos son una solución para producir y consumir de manera local, fresca, saludable y además ecológica. Cegados por la diversidad y aparente perfección de los alimentos de los grandes supermercados, no pensamos en su huella ecológica y efectos a la salud. Cultivados con fertilizantes derivados del petróleo, cosechados con ayuda de impresionantes máquinas, rociados con dudosos químicos, empaquetados en plástico, encerados para su exportación al extranjero y transportados miles de kilómetros a los centros de distribución urbanos para luego llegar a tu mesa, cuesta imaginar la cantidad de energía desperdiciada para mantener este obsoleto paradigma alimentario.

En México y Latinoamérica tenemos mucho que avanzar pero también mucho qué ofrecer. Nuestras culturas son ricas en tradiciones que sobreviven hasta hoy día y que están al alcance de todos a través de nuestros antepasados, los campesinos y una nueva generación de gente interesada en el cultivo sustentable. Por eso, pon manos a la tierra con estos consejos que te ayudarán a iniciar la transición con tu familia y tu comunidad.

Primero diseña y planifica:

Una máxima del diseño de permacultura que solemos ignorar, solo para después darnos cuenta de lo importante que es. Emocionados por la idea de cultivar alimentos pensamos que es como imprimir tu propio dinero y nos aventamos a empezar con proyectos demasiado grandes para nuestras capacidades nubladas por la inhalación de toda una vida de aire citadino.

Por eso antes de comenzar es necesario planear. Empieza verificando que la posición donde vas a instalar tu huerto esté dándole la cara al sur en el hemisferio norte y al norte en el sur, y reciba a menos 4 horas de Sol. Si planeas cultivar en espacios diferentes es importante verificar las necesidades de luz y humedad de cada planta. De no contar con al menos 4 horas de Sol al día, considera la posibilidad de crear un huerto de germinados, que no necesitan tanta luz solar y son súper nutritivos, o un jardín purificador de aire ornamental.

Intenta reciclar materiales como contenedores, guacales, cubetas, o cualquier recipiente de mínimo 5 litros y 15 cm de altura. Si no tienes nada que funcione, échale un ojo a alguno de nuestros productos diseñados para la ciudad. También tienes que ser consciente del tiempo que tendrás para dedicarle al cuidado del huerto y nutrición de tus plantas. Empieza sin un plan en mente y pronto te encontrarás con plantas plagadas, enfermas y sin dinero para sacar adelante el proyecto.

Aprende, vuelve a aprender y aprende de nuevo:

Recuerda, la información es poder, o en este caso, jitomates. Muchos errores que puedes cometer probablemente ya los cometió alguien más. Internet está lleno de información gratuita y esta increíble página también. Te prometemos que tienes 100 vidas de información a un Google de distancia que te ayudarán a tener alimentos saludables y cultivados en casa. No temas ensuciarte las manos, seguirnos en Facebook, tocar lombrices, probar la tierra, oler compostas, contactarnos  o asistir a nuestro cursos si tienes cualquier duda. Acostúmbrate a tener errores, a matar plantas sin querer, a aguatarte las manos, pisotear o comer caracoles… muchos caracoles, al principio inevitablemente tendrás errores y eso siempre es bueno si sabes aprender de ellos.

Conoce dónde estás parado:

Mantente atento a la vegetación nativa cercana a tu huerto, esta te dará excelentes recomendaciones para saber qué plantar. Siembra en su mayoría especies locales que estén acostumbradas a tu región y busca especies exóticas que vivan en las mismas condiciones (investiga siempre qué tan invasivas pueden ser las especies exóticas). Visita los viveros cercanos y pregunta a la gente local por las plantas que mejor adaptadas están a las condiciones de tu zona. Utiliza esta información para decidir qué plantas quedarían bien en tu huerto. Presta atención a las estaciones, temporadas de lluvias y secas, precipitación anual, movimiento solar y hasta a los ciclos lunares, conforme esta información planea tu siembra. Aprende a reproducir las plantas que te sean necesarias y que puedas encontrar gratis en tu comunidad, recolecta materiales cercanos a tu casa como residuos orgánicos, hojas, cartón, tarimas e incluso cubetas y guacales para abastecer tu huerto. Las ciudades están llenas de oro disfrazado de basura… o bueno no tanto, pero siempre es bueno estar al pendiente.

Empieza poco a poco con lo más fácil y ve expandiendo conforme a tu experiencia, aciertos y errores:

Cultivar alimentos saludables, nutricionalmente densos y libres de plagas de forma natural, va mucho más allá de enterrar semillas. Es un proceso ajeno a muchos citadinos y pronto puede salirse de tus manos y/o presupuesto. Que se haga directamente en tu casa o azotea, no significa necesariamente que será más barato que ir al supermercado aunque te aseguramos que es energéticamente mucho mejor. Dominar el cultivo de alimentos sostenible requiere inversión, paciencia y aprendizaje, por lo que lo mejor es empezar en un pequeño espacio e ir ampliándolo conforme te sientas preparado. Las hortalizas de hoja como la lechuga, la espinaca, la acelga, los rábanos y las cebollas son ideales para los que su única experiencia previa es jugando al Farmville en Facebook.

Si no tienes jardín planta en contenedores, utiliza sustratos especiales en vez de tierra negra:

El ideal en un huerto urbano en contenedores es obtener la máxima cantidad de nutrientes, retención de agua y oxigenación, en el mínimo espacio posible. De esta manera las raíces no necesitarán expandirse tanto y podrán tomar lo que necesitan del sustrato, evitando así que eventualmente se ahorquen a sí mismas por un crecimiento radicular desmedido o que se enfermen por falta de condiciones. Recuerda que en la tierra, a diferencia de una maceta, los cultivos tienen mayor espacio para ir en busca de nutrientes.

El sustrato recomendado se compone de 1/3 de perlita o vermiculita, 1/3 de fibra de coco o turba (la turba es un recurso no renovable así es que mejor utiliza el coco) y 1/3 de mezcla de abonos (abono de lombriz, gallinaza, tabaco, estiércol de borrego, etc…). Esta mezcla, además de aportar nutrientes, retención de agua y oxigenación, es liviana e ideal para poder mover los contenedores de un lado a otro cuando así lo requieras.

Si tienes un cultivo de pasto (jardín), deshazte de él… o por lo menos de una parte:

Considera el uso real que le das al pasto, aparte de basurero de tiempo y dinero. El principal cultivo del mundo, este cáncer verde, ocupa grandes cantidades de agua y nutrientes para mantenerse en buen estado, esto sin contar el trabajo y energía que se ocupan en su mantenimiento. Mantén el pasto únicamente en las áreas que realmente utilices, sabemos que es ideal para las zonas de convivencia y recreo, pero más allá de eso es un gasto de tiempo, energía, recursos naturales y dinero. Déjalo crecer lo más que tu mente citadina controladora acepte y al cortarlo, si te atreves, déjalo que se descomponga in situ para reponer nutrientes. El pasto mientras más largo, más superficie de raíces crea y más saludable crece, además cada que lo cortas y lo tiras a la basura, extraes importantes nutrientes de tu suelo y los depositas en el vertedero más cercano. Lo ideal es que además de pasto crezcas otro tipo de especies y “buenas hierbas” en el mismo lugar, aunque sabemos que esto puede ser mucho pedir. Los tréboles son buena opción para darle biodiversidad, los temidos dientes de león son en realidad muy nutritivos, pueden consumirse como espinaca, se les atribuye propiedades medicinales y crecen al por mayor en este tipo de áreas.

Aprovecha cualquier espacio que reciba a menos 4 horas de sol al día:

Tener poco espacio no es pretexto para no tener un huerto urbano, hoy en día hay una gran cantidad de técnicas (post) y opciones para cultivar en cualquier rincón soleado de casa. Además los espacios reducidos nos ofrecen la oportunidad de enfocarnos al máximo en el cuidado cercano y desarrollo de nuestro huerto, permitiéndonos cultivar hasta 7 veces más alimentos en el mismo espacio que si tuviéramos que cuidar extensiones mayores. Entre los huertos de ventana, de contenedores, la acuaponia, los huertos verticales y demás opciones, cualquiera puede tener alimentos frescos en la comodidad de su hogar. Toma en cuenta la planificación a largo plazo para cualquier planta que coloques, ubica las enredaderas cerca de las paredes y guíalas, utilízalas como sombra viva, cuelga las fresas por el balcón, utiliza los barandales e instala muros verdes con hierbas de olor cerca de la cocina. Cualquier rayo de luz es bueno para crecer tus alimentos.

Produce en la medida de lo posible todos los insumos que requiera tu huerto:

Las plantas también necesitan comida, en la agricultura industrial esta se sintetiza a partir de derivados del petróleo, pero en la naturaleza es proporcionada por la descomposición de materia orgánica a través de insectos, hongos y bacterias, así es que si quieres hacerlo en la ciudad, más vale que te alíes con estos importantes microorganismos.

Para tener un huerto urbano sin quedarte en banca rota es esencial aprender a producir la comida de tu comida, depender de insumos externos es a la larga un gasto energético que va en detrimento de tus recursos y los del planeta. Además, una máxima de la agricultura natural es que si tus plantas no reciben los nutrientes necesarios, quedarán a la merced de las plagas y tú quedarás a la merced de los pesticidas y el fracaso será inminente.

Pero no temas, darle a tus plantas la mejor nutrición y protección no es tan complicado como parece. Lo ideal es empezar con una lombricomposta, ya que esta cabe en espacios reducidos, una vez que la domines podrás preparar tus propios tés de microorganismos y preparados antiplagas. Esto ayudará a reducir tus gastos, a crear un sistema más robusto y a darte la confianza de expandir tu crecimiento y conocimiento.

Aprende lo antes posible las técnicas de propagación de plantas y mantente atento a cada lugar que visites en busca de plantas que puedas reproducir en tu huerto fácilmente. Aparta las plantas más saludables para recolectar su semilla y resiémbralas año con año para crear especies que se adapten a tu microclima. También puedes asistir a mercados de trueque e intercambiarlas gratis. En fin, la ciudad está llena de oportunidades si tan solo sabes dónde buscar.

Siempre utiliza acolchados:

Los acolchados o cobertura son una de las prácticas que no pueden faltar en tu huerto y como su nombre lo indica, no son más que una colcha de protección en la superficie del sustrato que te ayuda a retener hasta el 80% del agua, que de otra manera, se perdería por evaporación. Además, ayuda a regular los extremos de temperatura en la tierra y niveles de ph, contribuyendo al sano desarrollo de tus cultivos. Generalmente se compone por una capa de hoja seca, paja, corteza de árbol o incluso plástico, aunque lo ideal es trabajar con acolchados vivos como el trébol blanco que es fijador de nitrógeno o incluso hay quien utiliza frijol y camote como cobertura. Si además es de materiales naturales, su descomposición funciona como hábitat de vida microbiológica, lo que repone ciertos nutrientes que después pueden ser asimilados por las plantas. Cabe mencionar tener cuidado con acolchados frescos de pino, encino y eucalipto, ya que liberan una sustancia que puede impedir el crecimiento de las plantas, utilízalos sólo cuando estén bien secos. También se debe tener cuidado de no acolchar directamente en los tallos ya que el exceso de humedad puede provocar enfermedades por hongos.

Inspírate en la naturaleza:

La naturaleza es una infinita red de interacciones entre diversos organismos, incluidos los humanos, que compiten entre unos y se asocian entre otros para asegurar su supervivencia. A diferencia de los típicos campos de cultivo, la naturaleza no crece monocultivos estériles de vida microbiológica, nada necesita fertilizantes o pesticidas y todo esta autorregulado por la infinidad de relaciones que existen. Si bien resulta imposible imitar a la perfección en nuestro jardín o balcón algo que lleva miles de millones de años evolucionando, sí podemos inspirarnos en su funcionamiento general para mantener la salud de nuestro huerto. Es importante sobretodo pensar en biodiversidad al diseñar el huerto y fomentar la asociación de cultivos para prevenir plagas y enfermedades, la rotación y reposición de nutrientes para mantener la fertilidad de la tierra y la reproducción de microorganismos para la disponibilidad de los mismos.

Respeta el clima y las estaciones:

A pesar de que los trópicos son propicios para el cultivo de una gran diversidad de hortalizas durante todo el año, es esencial que antes de sembrar cualquier cosa verifiques si es lo adecuado para tu tipo de clima, humedad y estación del año. Algunas hortalizas como las lechugas, acelgas y espinacas son especialmente susceptibles a los climas muy calurosos y otras como las cebollas y jitomates pueden resentir las bajas temperaturas y poca duración de los días de invierno. Te recomendamos consultar siempre guías de siembra aprender de tu zona específica los cultivos más recomendables por estación.

Por último, ten paciencia, mantente abierto y crece junto a tus plantas:

Un huerto nunca está terminado y su crecimiento está estrechamente conectado con el tuyo. Lo mejor de cultivar tus alimentos en la ciudad es que te abre un largo camino de profundos cambios en tu vida, dieta y apreciación de la naturaleza. Pronto te encontrarás comiendo “malas hierbas”, reproduciendo plantas salvajes, recetando remedios naturales probados por ti mismo, mirando con melancolía lo que resta de naturaleza en tu ciudad e imaginando las posibilidades en cada techo, cada esquina, parque y camellón mientras estás parado en el tráfico.

Ya lo decía Geoff Lawton, el director del Permaculture Research Institute de Australia, “todos los problemas del mundo se pueden resolver en un jardín”… y si no tienes uno, por lo menos intentarlo en el balcón. No olvides que el aprendizaje más efectivo es con las manos llenas de tierra, semillas y mierda de lombriz, y la mejor recompensa son alimentos como nunca los habías comido antes y una nueva visión de lo que es posible en ambientes urbanos. Así es que manos a la obra, encuentra el contacto natural que tu corazón de cemento añora y cambia tu ciudad, tu salud y tu vida.

 

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